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Cómo proceder si estoy en mora y no puedo pagar mis deudas

Si estás atravesando una situación difícil y estás en mora, te contamos cómo actuar para que no se vuelva una pesadilla.
Mora
5 mins de lectura

Estar en mora es una situación que casi nadie quiere atravesar. Pero por más que no queramos, podemos vivir ciertas circunstancias o imprevistos que nos impiden afrontar nuestras deudas.

Estas situaciones pueden ocasionarse por múltiples factores. Ya sea porque alguien no nos pagó nuestros ingresos a tiempo, porque nuestro negocio atravesó un mal momento, porque quedamos desempleados, por una urgencia personal o familiar, entre otros motivos. 

¿Qué significa estar en mora?

Estar en mora significa no haber cumplido nuestra obligación de abonar una suma adeudada o una obligación contractual dentro del plazo de tiempo que se había estipulado. 

¿Cómo evitar esta situación?

Seguramente, antes de estar en mora comenzaremos a notar que nuestra situación económica es delicada. Por ejemplo, que cada vez es más difícil cumplir con el pago de la cuota de la deuda o que no llegamos a pagar el total de la tarjeta de crédito. Si detectamos esta situación a tiempo, vamos a poder actuar y trabajar para evitar la morosidad. 

Lo primero que tenemos que hacer es acercarnos a dialogar con los acreedores (quienes nos prestaron plata) y tratar de acordar una nueva forma de pago, fijando un monto que realmente podamos afrontar y cumplir. Muy probablemente deberá ser menor y, en contrapunto, debamos pagar una mayor cantidad de cuotas, lo que significa que la deuda va a durar más tiempo. 

Pero también debemos analizar nuestros ingresos y gastos, para poder remediar y mejorar el equilibrio en las cuentas. Ya sea reduciendo al extremo todo gasto no indispensable y tratando de generar algún ingreso adicional. 

¿Cómo proceder si ya estoy en mora?

Si estamos en mora, el primer paso que debemos hacer es el mismo: acercarnos a quien le debemos para consensuar la forma en que podamos pagar. Va a ser más fácil encontrar una solución si demostramos que estamos dispuestos a pagar, y que es nuestra situación la que no nos lo permite.

¡Nunca hay que desaparecer! Ese es el error más grave. Hará que nuestras deudas crezcan más rápidamente, generando nuevos intereses y punitorios. También puede pasar que terminemos con sanciones o, incluso, en un juicio. Además, nuestros acreedores perderán la confianza hacia nosotros si intuyen que los evadimos.

Siempre el acreedor querrá cobrar, tampoco le sirve estar en juicio. Seguramente habrá alguna forma de  llegar a un acuerdo que sea aceptable para ambas partes y que nos permita poder seguir cancelando nuestras obligaciones. Por eso es importante conversar para encontrar una solución. Ya sea congelar el plan actual, hacer un nuevo plan y refinanciar la deuda, modificar el monto de las cuotas, modificar los plazos de pago, entre otras.

¿Qué pasa si sigo sin pagar?

Si no pagamos nuestras deudas comenzarán a aplicarse intereses y luego intereses sobre los intereses y se formará en muy poco tiempo una deuda muchísimo mayor. Es como una bola de nieve que cae hacia nosotros y se hace cada vez más grande.

Interés

Además, en la medida que sigamos sin pagar, vamos a comenzar a caer en el ranking de calificación crediticia, que es una especie de boletín donde nos ponen una nota de qué tan fiables y cumplidores somos de nuestras deudas. 

Esta calificación la elabora el Banco Central de la República Argentina y es la siguiente:

  1. Normal | Atraso en el pago que no supere los 31 días. 
  2. Riesgo bajo | Atraso en el pago de más de 31 y hasta 90 días desde el vencimiento.
  3. Riesgo medio | Atraso en el pago de más de 90 y hasta 180 días.
  4. Riesgo alto | Atraso en el pago de más de 180 días hasta un año.
  5. Irrecuperable | Atrasos superiores a un año

¿En qué nos puede perjudicar figurar como morosos?

A medida que vamos cayendo del 1 al 5 en dicho ranking de calificación crediticia, nos veremos como «más peligrosos» ante los ojos del resto. En otras palabras, será más difícil que alguien nos de un crédito o un préstamo. Por ejemplo, habrá más chances a que nos nieguen un préstamo personal, una hipoteca, una tarjeta de crédito e incluso que no nos quieran alquilar una vivienda. 

Hay que tener en cuenta que este ranking es información pública y cualquiera puede consultarlo desde el siguiente link. En la práctica, todos los bancos, financieras o prestamistas consultan nuestro estado antes de decidir si nos prestan o no el monto que solicitamos. 

¡Tenemos que evitar esta situación! Porque una vez que perdamos nuestra buena reputación crediticia, será muy difícil sacarnos esa “mancha” de encima, ya que los sistemas informáticos que alertan sobre deudores morosos pueden mantenernos entre 2 y 5 años en la lista.

¿Cómo hacer para mejorar nuestra situación morosa?

Cada situación es particular, por lo que no hay respuestas mágicas. A continuación, detallaremos algunas posibles respuestas que podemos tomar para salir de la situación de morosidad.

Conversar con los acreedores actuales:

Lo dijimos a lo largo de este artículo y lo repetimos ahora. Siempre, la primera actitud que tenemos que tener es ir a hablar y buscar una solución con los acreedores actuales.

Recordemos que cuanto más tiempo nos demoremos y más nos atrasemos en los pagos, mayor será la deuda y cada vez será más difícil de abonar. 

Un punto clave para salir de las deudas es analizar cuánto podemos pagar por mes de lo adeudado. Sabiendo eso, podremos hacer un compromiso de pago que sea real y que podamos cumplir con seguridad para no volver a estar en mora.

También es fundamental, a la hora de renegociar nuestras deudas, definir si el problema económico que afrontamos es algo temporal o puede extenderse en el tiempo.  

Ahorrar y reducir gastos:

Muchas veces creemos que no podemos ahorrar nada de plata y eso sucede más aún cuando tenemos deudas. Pero aunque a simple vista parezca imposible ahorrar o juntar plata para reducir las deudas, si revisamos muy bien las cuentas y gastos de cada mes, encontraremos gastos que no son indispensables para vivir. Estos gastos son el inicio de la solución, porque los podremos eliminar y destinar esa plata a reducir nuestras deudas. 

A partir del punto en que normalicemos nuestra situación, hay que mantener siempre un equilibrio en el cual los gastos nunca superen a los ingresos que obtenemos regularmente, sin poner ningún tipo de excusas o justificativos. Esta actitud será la clave para no volver a vivir la pesadilla de estar en mora.

Pensar y analizar bien antes de solicitar un préstamo nuevo para cancelar otro:

Actuar rápido no significa salir a buscar cualquier préstamo rápido o fácil que puedan ofrecernos. Muchas veces pagar un préstamo con otro puede ser una buena opción, pero otras no. Por eso, antes de tomar una decisión, deben analizarse los pros y contras del nuevo préstamo. Sino, estaremos agravando el problema en lugar de solucionarlo. 

Detectar las deudas prioritarias:

Por supuesto que tenemos que pagar todas nuevas deudas, pero en caso de tener varias y no poder afrontar todas, hay que priorizar. Siempre habrá deudas más importantes que otras. 

¿Qué deudas son prioritarias? Bueno, eso depende de cada persona. Tenemos que seleccionar y darle prioridad aquellas que consideramos más importantes o que más perjuicio provocaría en caso de no pagarlas. Un ejemplo podría ser una hipoteca, que en caso de no abonar nos podría provocar la pérdida de nuestra vivienda. 

Otra forma de selección es priorizar aquellas que tengan mayor costo e interés, y dejar en segundo término las que menos intereses nos insumen.

Te invitamos seguir leyendo nuestro artículo «Los errores financieros más comunes«.

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